VIOLENCIA PSICOLÓGICA

Aunque registrar y dar cuenta de la violencia física, sexual o económica contra las mujeres ya genera grandes retos para la sociedad civil y las instituciones sensibles al enfoque de género, debido a las barreras culturales, jurídicas y geográficas que obstaculizan la denuncia y el acceso a la justicia, es necesario señalar que una de las violencias con menor (casi nulo) registro estadístico es la violencia psicológica.

La salud mental de las mujeres es uno de los aspectos del desarrollo personal que más se ve afectado por las múltiples violencias de género que experimentamos a lo largo de nuestras vidas. Además de las huellas físicas y las consecuencias económicas que deja la violencia machista, el ejercicio de control y manipulación emocional que se genera alrededor de las demás violencias logran mantener en estado de subordinación e indefensión a muchas mujeres que van perdiendo la autonomía para regular su vida familiar, laboral o profesional.

Sin embargo, la violencia psicológica no sólo es una consecuencia de otros actos violentos, sino que está catalogado como un daño específico contra las mujeres, que trae sus propias afectaciones y que tiene que ser detectado a tiempo para evitar daños irreparables en la salud mental de las víctimas.

Pero, ¿tenemos claro qué es la violencia psicológica? Para la ley 1257 de 2008 el daño psicológico está catalogado como: “Consecuencia proveniente de la acción u omisión destinada a degradar o controlar las acciones, comportamientos, creencias y decisiones de otras personas, por medio de intimidación, manipulación, amenaza, directa o indirecta, humillación, aislamiento o cualquier otra conducta que implique un perjuicio en la salud psicológica, la autodeterminación o el desarrollo personal.”

Cuando una mujer es víctima de esta violencia suele recibirla de manera constante, hace parte de su cotidianidad, se convierte en rutina sentirse humillada, recibir palabras o gestos ofensivos. Cada acción tiende a menospreciar y denigrar a esta persona, atacando su capacidad de respuesta, reduciendo su personalidad y construyendo una sujeta sumisa y cada vez con menos posibilidad de reacción, que termina haciendo lo que ordena su agresor/a por encima de su voluntad y su seguridad.

Ahora bien, uno de las grandes dificultades que encontramos para eliminar este tipo de violencia contra las mujeres es la justificación cultural que le damos recurrentemente como sociedad a estas situaciones. Escuchamos frases como “a las mujeres les gustan que las traten así” o “las mujeres son unas bobas por dejarse maltratar” en donde suele recaer la culpa de estas situaciones en las mujeres, ubicándolas como sujetas complacientes con las violencias que experimentan, sin tener en cuenta la manera en cómo nos han educado a unos y otras, así como las condiciones históricas de desigualdad en las que las mujeres hemos sido sistemáticamente discriminadas.

Suele catalogarse como una violencia silenciosa, porque no deja marcas físicas contundentes y por eso no es sencillo identificarla. En las relaciones de pareja muchas mujeres víctimas de estos hechos no creen tener pruebas de su maltrato o normalizan la situación pensando que son situaciones normales de una relación afectiva, pero no, es en este punto donde debemos cuestionar todas esas ideas del amor romántico que nos ha vendido la cultura, el amor no es control, no es sumisión ni obediencia. Si alguien te ama, no te manipula, no te humilla y no te grita.

Pero ¿cómo identificar si estoy siendo víctima de violencia psicológica? A continuación, algunas situaciones que debemos tener en el radar para no dejar pasar desapercibida esta violencia machista:

  • Cuando menosprecian tus capacidades, diciéndote que: “No sirve para nada”; “Usted es una bruta”; “Todo lo hace mal”; “Las mujeres sólo sirven pa´la cocina” entre otras.
  • Cuando critican constantemente tu aspecto físico y te lo dicen de manera ofensiva con frases como: “Esta muy flaca o muy gorda”, “Se ve fea, ya no se arregla”, “Ya nadie la voltea ni a mirar”, “La ropa que se pone le queda horrible”
  • Cuando controlan tus acciones: “¿Para quién se arregla, para el mozo?”; “Otra vez va a salir, ¿a qué horas piensa llegar?” “¿Con quien habla tanto por teléfono?”; “Si la veo con otro la mato”; “Si me deja, me mato”
  • Cuando dejan de hablarte y no te determinan por horas, días, semanas o meses enteros y sólo te tratan para las labores del cuidado doméstico.
  • Cuando te encierran en la casa o en la finca y no te dejan moverte con libertad a donde quieras o necesites ir.
  • Cuando te repiten constantemente y en tono humillativo que quien provee y manda en la casa o finca no eres tú.
  • Cuando gritan y utilizan lenguaje vulgar para dirigirse a ti y a tus personas cercanas.
  • Cuando dañan de manera intencional algún objeto personal que tu aprecies mucho o les hacen daño a tus animales de compañía sólo por procurarte dolor.
  • En el marco del conflicto armado, las amenazas de muerte y de violencia sexual contra lideresas son una de las fuertes expresiones de violencia psicológica contras las mujeres que ejercen activamente su ciudadanía.

Es importante recordar que esta violencia puede ser comprobada por medio de exámenes psicológicos que determinen el nivel de afectación de los hechos violentos en la salud mental de la mujer y también las repercusiones que puedan generar en la salud física, pues está comprobado que la esfera emocional está estrechamente ligada al sistema inmunológico, y si la primera está siendo violentada el cuerpo puede llegar a expresar este desequilibrio emocional en problemas alimenticios y otras enfermedades.

Si sientes que algunas de estas situaciones están ocurriendo actualmente en tu vida, es necesario identificarlas, buscar redes de apoyo familiar, comunitario, organizativo o institucional y si no cambian en el corto plazo es necesario denunciar y exigir al sistema de justicia y de salud que haga las pruebas necesarias para corroborar el impacto de la violencia denunciada y se pueda controlar la ocurrencia y repetición de estos hechos.