VIOLENCIA PATRIMONIAL

¿Qué es la violencia patrimonial? La Ley 1257 de 2008 la describe como la “Pérdida, transformación, sustracción, destrucción, retención o distracción de objetos, instrumentos de trabajo, documentos personales, bienes, valores, derechos o económicos destinados a satisfacer las necesidades de la mujer”. Suele relacionarse directamente con las violencias económicas por el impacto que genera en el ámbito financiero y material de las mujeres.
Las violencias contra las mujeres suelen presentarse de manera tan diversa y naturalizada que muchas veces se suele creer que no son violencias o que atienden a problemas particulares que le ocurren a cualquier persona, sin importar su género. Tal es el caso de la violencia patrimonial que han experimentado las mujeres como resultado de la desigualdad histórica reproducida por el patriarcado, colonialismo, racismo y capitalismo.
Como consecuencia de esta discriminación sistemática en Colombia, hasta hace menos de un siglo, las mujeres no podían manejar sus propios bienes, ni tener cuentas bancarias sólo lo lograban aquellos que por su género, raza y clase fueran considerados titulares de derechos, es decir hombres blancos, mayores de edad y con solvencia económica. Sólo con la Ley 28 de 1932 se reconoció el derecho de propiedad para las mujeres colombianas que contrajeran matrimonio. Ahora bien, si la legislación se ha tornado lenta, la cultura se toma aún más tiempo en cambiar, por esa razón aún se mantienen vivas cierto tipo de prácticas que restringen o afectan en lo cotidiano el patrimonio de las mujeres, aquí algunas de ellas:
● La negación de los bienes adquiridos durante la unión conyugal o marital de hecho en situación de divorcio o separación, al punto de ocultar bienes.
● La retención o destrucción de los documentos personales y de identificación de la mujer como cédulas, visas, pasaportes, diplomas, certificados, escrituras de propiedades entre otros.
● Cuando empeñan, venden o destruyen sus pertenencias, como lo son sus enseres domésticos, celulares o ropa, es decir, cuando disponen de sus bienes sin su consentimiento
● Que escondan su correspondencia.
● Que les quiten el salario



Aquí algunos ejemplos de violencia patrimonial, donde el agresor controla muchas de las esferas de la vida de las mujeres con el ejercicio de control que logra sobre sus bienes:

🡺 A Paulina su pareja le quemo el diploma de bachiller, para que ella no pudiera presentar los documentos para estudiar la carrera técnica que tanto quería.
🡺 A Gloria su esposo le escondía los zapatos izquierdos para que no pudiera salir de casa a trabajar.
🡺 A Constanza, una señora mayor, su exesposo (en el proceso de separación) le desocupó y desmantelo la casa que habían pagado juntos, le quito hasta las rosetas de los bombillos para que no tuviera ni siquiera iluminación. Al respecto Matilde afirma “No me dejo ni la cama para la niña”

🡺 A Patricia, una mujer campesina que no sabía ni leer ni escribir, un vecino le hizo firmar unos papeles con la excusa de arreglar la cerca de su finca, pero cuando se dió cuenta que gente extraña se había asentado en su predio les preguntó y ellos afirmaron que ella les había vendido y firmado los documentos.

Este último ejemplo, es sólo uno de los múltiples casos de violencia patrimonial que experimentan las mujeres rurales que construyen su proyecto de vida en relación con la tierra. Los patrones culturales machistas arraigados en la sociedad campesina colombiana, han insidido en la escasa tenencia y titulación de la tierra para las mujeres. En la ruralidad de nuestro país prevalece aún la masculinidad dominante y proveedora que elimina a las mujeres del escenario de los negocios, siendo el varón de la casa quien representa legal y financieramente los intereses familiares.

Aunque esta es una situación que se repite con regularidad en la cotidianidad de las zonas rurales del país, no es facil tener acceso a datos que sustenten estadísticamante la situación. En este caso el Estado colombiano no cumple con el artículo 30 de la Ley 731 de 2002 (Ley de Mujer Rural) al no tener el registro diferenciado por sexo de la ocupación, tenencia y titularidad de la tierra, deficiencia que invisibiliza el impacto desproporcionado de la violencia patrimonial que experimentan las mujeres campesinas respecto a la tierra.

Sin embargo, para tener una muestra de esta desproporción se tomará el registro que adelantó la tercera Encuesta Nacional de Verificación de los Derechos de la Población Desplazada (La encuesta se aplicó en 68 municipios del país en un total de 10.433 hogares de población víctima de desplazamiento) realizada por la Comisión de Seguimiento a la Política Pública sobre Desplazamiento Forzado en el año 2010, (PNUD, Informe Nacional de Desarrollo Humano 2011), donde se evidencia la brecha de género que existía en la tenencia y posesión de la tierra de familias que salieron victimas de desplazamiento; los hombres priman en todas las categorías y sobrepasan de manera considerable los porcentajes de tenencia de las mujeres. Estas cifras son sólo una muestra de lo que podría estar ocurriendo en el país con el patromino de las mujeres campesinas y las violencias que se han ejercido contra ellas para mantener este nivel de desigualdad frente a la tenencia de la tierra.
TENENCIA Y GÉNERO