En el mundo de hoy, vivimos profundas contradicciones, por un lado, la inmensa concentración de capital en menos del 1% de la población mundial; entre tanto, las enfermedades y epidemias siguen azotando a la población mundial más empobrecida, un ejemplo de ello es la emergencia sanitaria producto de la propagación del COVID 19 que, sin desconocer que también afectará a sectores pudientes, su principal foco será la gente que sufre la pobreza en el planeta. Todo ello sumado a la crisis económica, política, ambiental y social; propia del sistema capitalista, que de no cambiar llevará a la humanidad a la hecatombe y por lo tanto a su autodestrucción.

Este ciclo, refleja que la lucha de clases está en plena disputa y se acentúa con la crisis y forma de acumulación del sistema capitalista, que muestra su fracaso al haber despojado de los derechos básicos a la población mundial, precarizado la vida de los/as trabajadores/as, generado una gran concentración de la riqueza mediante el control de las riquezas naturales, los mercados y el favorecimiento a los sectores transnacionales de la economía mundial y de la especulación financiera.

De otro lado, la disputa entre las principales potencias imperialistas por el dominio de los mercados y fuentes energéticas, así como, quién ejerce el liderazgo del denominado “nuevo orden internacional” generará mayor exclusión y opresión sobre los pueblos de los países menos desarrollados, en particular sobre los trabajadores y la población rural mundial.

Ante ello, los excluidos y violentados por el sistema tenemos el legítimo derecho a levantar nuestras voces en defensa del acceso a la tierra, la preservación del territorio y la vida en todas sus expresiones. Nosotros necesitamos del planeta, el planeta sin nosotros puede seguir existiendo; por lo tanto, es crucial protegerlo de la depredación del capital, al mismo tiempo que exigimos la democratización de la riqueza, incluyendo sin más dilación la aprobación de una renta universal.

En medio del llamado a la vida vemos como quieren promover conflictos y guerras de diverso tipo para controlar los territorios y las comunidades; por ello, rechazamos la injerencia e intervención de EEUU y sus aliados, entre ellos el gobierno de Colombia, hacia los pueblos Venezolano y Cubano y, en general, de los pueblos que luchan por defender su soberanía, condenamos y exigimos que se levanten los bloqueos a estos países. El mundo requiere de nuevas formas de solidaridad y humanismo para combatir el hambre, la pobreza y las miles de enfermedades y pandemias que padece la humanidad; por ello, mantener un bloqueo como lo hace el imperialismo norteamericano contra las naciones que se revelan a sus mandatos, no solo es una injusticia, sino un genocidio y delito de lesa humanidad.

En ese contexto, en nuestro país las medidas tomadas por el gobierno del presidente Duque van dirigidas a fortalecer el modelo neoliberal y no se adoptan acciones de carácter estructurales que permitan fortalecer la producción de alimentos, la infraestructura y conectividad, un sistema público de salud, ni medidas de bioseguridad para proteger la vida y garantizar condiciones dignas para mantener el aislamiento en los campos y ciudades. Se acelera la guerra en los territorios y la militarización mediante el escalamiento del conflicto armado y social, la erradicación forzosa de cultivos de uso ilícito, y la violencia socio política en contra de líderes y lideresas sociales y defensores de derechos humanos que en los últimos meses se ha aumentado de manera vertiginosa, tal como lo demuestra el último informe de la oficina de la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Colombia.

Los procesos que hacemos parte de la Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular – CACEP llamamos a los pueblos a preservar y defender la vida y los territorios; construir estrategias de auto cuidado y auto protección por medio de las guardias populares, campesinas, indígenas y cimarronas; fortalecer la economía campesina y la economía propia de las comunidades étnicas; construir la soberanía alimentaria y  sistemas de comercialización y distribución propios.

Ante la actual coyuntura, exigimos que se implementen políticas sociales y económicas,  garantice una cuarentena con dignidad, promueva una institucionalidad publica al servicio de las mayorías ciudadanas y populares. Es indispensable el reconocimiento del papel  del campesinado y el reconocimiento de sus derechos y territorialidades. Es una decisión política que no da espera.

El estado debe asumir las líneas de acopio y comercialización de los alimentos, promover fondos para el apoyo de la pequeña y mediana producción agrícola, evitando los intermediarios que se quedan con la riqueza que generan los pobladores rurales. Es urgente y necesario generar nuevas formas de relación entre el campo y la ciudad, que logre superar la extrema pobreza y garantice alimentos para toda la sociedad.

Nuestro llamado es a defender la vida, la naturaleza, la madre tierra y no los intereses de los banqueros y empresarios.

Como CACEP vemos la necesidad de fortalecer los territorios indígenas, afrodescendientes y campesinos; respetando su autonomía y sus formas propias de gobiernos. El momento que vivimos nos convoca a seguir exigiendo:

  • Un sistema de salud pública integral, que garantice en lo inmediato una efectiva dotación de elementos de bioseguridad para garantizar la vida e integridad del personal de salud, del personal de ayuda ante la emergencia humanitaria; de igual forma, reconocer a las guardias indígenas, campesinas y cimarronas que se encuentran en puestos de control preventivos. Los trabajadores y trabajadoras del sector salud merecen todo nuestro reconocimiento a su labor en medio de la precarización del sistema, producto de su privatización.

Solicitamos se derogue el decreto 538 del 12 de abril del 2020, cuyo contenido vulnera los derechos de los/as trabajadores/as de la salud, no brinda medidas de bioseguridad y genera un grave riesgo a la vida e integridad del sector.

  • La necesidad de una reforma agraria integral y democrática que a mediano y largo plazo garantice el acceso a la tierra de l@s campesin@s y la producción de alimentos, asi como el fortalecimiento de la economía campesina. En tal sentido, l@s campesin@s, indígenas y afros requerimos, de manera inmediata, la dotación de un millón de hectáreas de tierra como plan de choque de contención de las enfermedades que matan a diario a nuestra población rural y de la pandemia; ello también permitirá recuperar plenamente la autonomía y soberanía alimentaria.
  • El reconocimiento del campesinado como sujeto de derechos y el reconocimiento de sus territorialidades.
  • La condonación de deudas a campesinos y campesinas, establecer seguros para las cosechas, asistencia técnica, administrativa, financiera y mayor infraestructura y asistencia técnica en los territorios.
  • Rechazo al decreto 531 del 8 de diciembre de 2019 que facilita el trámite de concesiones de explotación minera
  • Igualmente, el cese inmediato del pago de la “deuda externa” ilegitima y reoriente los dineros para la inversión social y económica.
  • Nos oponemos y condenamos toda inversión dirigida a fortalecer los aparatos de represión y de guerra contra nuestro pueblo y los pueblos hermanos.
  • Ante la crisis carcelaria, nos sumamos al llamado para exigir deshacinamiento de las cárceles, libertad domiciliaria para las personas privadas de la libertad y tener medidas sanitarias que protejan la población carcelaria.

Seguiremos fortaleciendo la movilización social, caminando nuestra palabra, exigiendo nuestros derechos y construyendo con más fuerza nuestro proceso de unidad.  Nos levantaremos, junto a los pueblos del mundo y los trabajadores, contra la injustica, el dominio del capital y las pretensiones imperialistas de hegemonizar el mundo para sus intereses. Porque la vida nos pertenece, lucharemos en unidad de acción nacional e internacional en su defensa. Otro mundo es posible.

Colombia ha mostrado su dignidad, su amor a la vida y el territorio, motivos para seguir construyendo desde los pueblos los territorios para la vida en armonía con la madre tierra, es el momento de sumar voces para sembrar esperanza y cosechar un país diferente, incluyente, democrático y soberano.

 

Cumbre Agraria, Campesina, Étnica y Popular -CACEP

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