Por: Johan Mendoza Torres

Son ustedes campesinos y campesinas la raíz de la tierra, raíz de nuestra cultura, raíz de nuestros territorios, territorios de paz y conflicto, que siempre pidieron vivir y nunca ser parte de una guerra ajena en la cual morir sin dejar semilla.

Son los campesinos y campesinas de las Zonas de Reserva Campesina ejemplo vigoroso de un desafío al legalismo, so pretexto de hacer del derecho un facilitador de la vida social y no un empalagoso armazón de engaños. Son las ZRC la muestra de que la esperanza no muere ni en 60 años de guerra.

¡¿Cuál guerra?! Preguntarán desde la ciudad. Ésta que envejece y aunque miserable con la vida y con la naturaleza, sucumbe ante el tejido social de paz y convivencia que desde aquí continúa naciendo! Responden desde las ZRC.

Han sido duros los embates de aquellos terratenientes que no sobrevivirían sin un poco de la tierra que jamás han trabajado, han sido duros los embates de los nuevos terratenientes que producto de la herencia, el ultraje o el poder multinacional hoy son agroindustriales o inmobiliarias. Han sido duras, las ofensas desde el Ministerio de Agricultura en su grosera y desalmada calumnia tildando a las ZRC de “republiquetas” todo y porque los amigos del carbón, de la palma y del petróleo, no conciben un campo en donde realmente todos puedan vivir dignamente.

No, el gran capital simplemente exige la derogación de cualquier crítica y continúa impulsando la necia supremacía de esa triste visión unilateral que no permite escuchar la polifonía que hay en el campo. A esa gente que siempre ataca las ZRC, el verde del campo les parecerá que es el mismo es todo lado. Pero cuan equivocados están, los que no distinguen el matiz de los verdes, de las luchas arduas contra quienes arremeten desde las zonas más fortificadas del poder.

Familias campesinas pervivieron aún durante los dos gobiernos del innombrable, quien detuvo toda adjudicación de ZRC para mantener intocables y como buenos señores feudales a unos cuantos que nunca cultivaron los campos.

Del campo se levanta la esperanza. Le dan balazos y muere un cuerpo, pero éste alimenta la tierra de las almas, almas que buscan menos razones para desistir, y más acciones para demostrar que es logrando la autonomía campesina, como se construye y se defiende un territorio.

En el campo continúa latiendo la riqueza de toda una nación, eso los poderosos lo saben, saben muy bien que hoy en día al final, es más sencillo engañar al citadino que engañar al campesino. A un citadino se le embute publicidad, se le distrae con inservibles, pero el campesino lo matan, un campesino en cambio vive de cara a la verdad, sin que nadie se la cuente. Pues cuando se es protagonista de la historia, muchos quieren contarla, pero pocos quieren vivirla.

Varios son los poderosos, que andan desacreditando a las ZRC, incluso a algunos les da ataques de institucionalidad, cuando preocupados insisten en que las ZRC pueden acarrear problemas de “gobernabilidad”, como si acaso alguna vez les hubiese importado gobernar el campo. La razón poderosa detrás de las trabas a las ZRC reside en el interés que tienen por mantener la tierra desocupada y lista para ser vendida a una multinacional. Y es esa clase política y terrateniente la que puede perder. Por eso su preocupación, por eso bajo discursos de “crisis gobernabilidad” y “subversión”, les hacen el feo a las ZRC ante la opinión de muchos medios masivos, pero en el fondo lo que hay es miedo, miedo a que aquello que era su feudo finalmente se derrumbe, perdiendo así los privilegios.

Por lo pronto, dar las gracias es poco para todos aquellos que desde otras orillas han apoyado las zonas de reserva campesina. Un sancocho no estaría mal, pero que va, no hay tiempo para celebrar, pues la muerte acecha como nube negra, y aquellos que nunca entendieron la palabra “diferencia”, continúan gestando la discordia, continúan siendo la peor de las tormentas.

A pesar de que en ocasiones la tormenta arrecia, pero tarde o temprano cesa. Y cuando todo huele a fresco después de la lluvia, olores nuevos quieren ocupar el vacío que deja una tiranía destruida. Cuando todo huele a fresco después de la tormenta, las ZRC seguirán avanzado como productores no solo de alimentos, sino de cultura, consciencia y resistencia.

 

Foto: Puerto Matilde, capital de la zona de reserva campesina del Valle del Río Cimitarra. Autor: Juan David Vargas – APR.