LA VIOLENCIA SIMBÓLICA

¿Alguna vez te dijeron “calladita te ves más bonita”, “mujer sin hijos jardín sin flores”, o refranes como “esto dijo el armadillo pasando por una nevera, si no me das de comer me como a la cocinera”,  y “las mujeres en el portón huelen a rila de ratón”?, quizás  muchas personas se rieron y hasta tu misma le encontraste sentido y gracia.

Estas frases son ejemplos de  violencia simbólica, esta es una forma de violencia que  busca mantener o restablecer un orden social jerárquico, un esquema de poder asimétrico (Bourdieu, 1977, p. 192). Es un tipo de agresión sutil que es a veces imperceptible  porque se encuentra naturalizada  hasta por nosotras mismas, esta forma de dominación no se impone a través de la fuerza, sino que media el consentimiento de las mismas personas dominadas.



Bourdieu  le llamó a esto el habitus, es decir patrones sociales, percepciones  instauradas sobre los cuerpos de las personas, desde donde se ejerce poder.  En relación al género, es lo que conocemos como estereotipos de género; mujeres  y hombres aceptamos casi  como si fuera algo natural, un modelo de belleza  único basado en el imaginario de la mujer blanca, delgada,  de facciones delicadas y altas,  acompañado de  comportamientos propios de las “buenas” mujeres  como la  maternidad obligatoria, el servicio, la delicadeza, la castidad o la pureza como atributos bondadosos que todas las mujeres deberían aprender.

Por ello la violencia simbólica,  es vista como aquella que sostiene y fundamenta  las otras formas de violencias en las relaciones de dominación, se ejerce sobre los cuerpos, se instaura subjetivamente en el discurso de manera  casi invisible , es una violencia naturalizada que produce  otros tipos de violencias directas y estructurales como la violencia física, patrimonial, psicológica, sexual etc.

El sometimiento de la mujer es creado y reforzado en el ámbito simbólico de diversas maneras. Existe, como dice Segato (2010), un “mandato moral y moralizador de reducir y aprisionar a la mujer a su posición subordinada, por todos los medios posibles” (p. 143).  Estos medios pueden ser  el sistema educativo, prácticas culturales, costumbres, medios de comunicación o publicitarios, refranes, iconos o signos que transmiten y reproducen relaciones de dominación, desigualdad y discriminación que naturalizan o justifican la subordinación y la violencia contra las mujeres en la sociedad.

Otra característica importante es que quien emite estos mensajes debe tener el poder de pronunciarlo, ya que para que la locución performativa sea efectiva, debe emanar de un agente legitimado para hacerlo (Bourdieu, 1991, p. 111). Por ejemplo,  un concepto científico, una autoridad médica o en educación, la tradición, el derecho, la familia, un medio de comunicación influyente, una creencia popular. Para eliminar la violencia simbólica, entonces, no basta con mirar los contenidos, sino que debemos preguntarnos quienes se presentan como agentes legitimados para emitir esas locuciones, qué mensajes se transmiten y si revisten éstos el poder simbólico.

Son muchos los mensajes que se transmiten en este tipo de violencia, entre éstos se pueden destacar:

  • El desprecio y la burla por lo que son y/o hacen las mujeres;
  • El temor o desconfianza por lo que son y/o hacen las mujeres, y
  • La justificación de la subordinación femenina y /o de la violencia contra las mujeres.
  • Perpetuar la idea de inferioridad o superioridad de uno de los géneros;
  • Promover o mantener funciones estereotipadas asignadas a varones y mujeres, tanto en lo relativo a tareas productivas como reproductivas;
  • Desvalorizar o sobrevalorar las tareas desarrolladas mayoritariamente por alguno de los géneros;
  • Utilizar imágenes desvalorizadas de las mujeres, o con carácter vejatorio o discriminatorio;
  • Referirse a las mujeres como objetos

Aunque existen normas internacionales como la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés) y la Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (Convención de Belém do Pará) que incorporan el concepto de violencia simbólica en su articulado,  y  requieren a los Estados partes, incluyendo nuestro país, “modificar los patrones socioculturales de conducta de hombres y mujeres”, para así lograr “la eliminación de los prejuicios y las prácticas basadas en la idea de la inferioridad o superioridad de cualquiera de los sexos o en funciones estereotipadas de hombres y mujeres”  y reconocen el derecho de la mujer “a ser valorada y educada libre de patrones estereotipados de comportamiento y prácticas sociales y culturales basadas en conceptos de inferioridad o subordinación”; es largo el camino que debemos seguir las mujeres campesinas a fin de contrarrestar esta forma de violencia, pues lidiamos también con la estigmatización sobre el campesinado  relegado a una visión de atraso, pobreza e ignorancia.

Referencias

BOURDIEU, Pierre (1977) Outline of a Theory of Practice. Cambridge: CambridgeUniversity Press. (1991) Language and Symbolic Power. Cambridge: Polity Press.  (1997) Pascalian Meditations. Standford: Standford University Press.

Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés).

Convención Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer (Convención de Belém do Pará)

SEGATO, Rita (2010) Estructuras elementales de la violencia. Ensayos sobre género entre la antropologia, el psicoanalisis y los derechos humanos. Buenos Aires: Prometeo.