Los días se hacían cada vez más cortos, las mujeres del Etcr estaban inquietas, los hombres al verlas se notaban ansiosos.

Una reunión en Medellín, otra en Mutatá, escribir correos, enviar mensajes, coordinar hasta el último detalle para que el Intercambio “Las voces de las mujeres exguerrilleras para la reincorporación económica” y el diálogo territorial “Mujeres Autómomas. Economía Solidaria para la Paz” de la vereda Llano Grande fuera un éxito.

¡La comida! Las mujeres mientras estamos reunidas definiendo temas tan importantes como nuestra apuesta productiva orientada a la independencia económica, la reincorporación y el bienestar de nuestras familias, no podemos suspender las reuniones para hacer la comida. Por eso dos hombres se encargaron de garantizar los tres golpes y sus respectivas onces. Tarea que hicieron muy bien y lo más importante, con gusto, al saber que estaban apoyando el fortalecimiento de las mujeres y dando ejemplo, pues la cocina no tiene género.

Convocatoria lista; sillas, tablero y video beam listo; cocina, lista; actividades y comida para las y los hijos de las mujeres, listas; invitadas e invitados, una parte. Los demás vienen en camino.

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Suena el celular, una de las integrantes del equipo no puede asistir. Al mediodía se encuentra el resto del equipo en el aeropuerto. El trayecto es Bogotá – Rionegro – Medellín – Dabeiba – Llanogrande. El viaje es largo y el camino culebrero.

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Me avisaron como a las 9:00 p. m. que ya estaban en Dabeiba. La situación de orden público había estado pesada en esos días. El sábado se presentaron enfrentamientos entre la ciudadanía y el Esmad por el desalojo de un territorio ocupado en La Meseta, además el municipio fue declarado en alerta naranja por el desastre de Hidroituango. En la vereda Camparrusia habían reportado presencia de disidencias de las Farc y enfrentamientos con Bacrim. La situación estaba pesada.

Pedimos a las y los invitados que pasaran la noche en el casco urbano de Dabeiba.

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Me avisaron como a las 9:00 p. m. que ya estaban en Dabeiba, estaban a unos 40 minutos de la vereda Llano Grande, lugar en el que se encuentra el Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación.

“Yo conozco el camino, sigamos” afirmó una persona de la comitiva. Los vehículos con 14 personas avanzaron por 40 minutos, una hora, dos horas, el camino no conducía al Etcr. El camino se cerraba y, cada vez había menos casas habitadas. Uno de los vehículos se averió y se vieron obligados a parar. Eran las 10:30 p. m. Con un poco de incertidumbre empezaron a saludar (con dudas que alguien saliera). Pero se hizo la luz en la casa, salió un campesino de la región a quien le solicitaron indicaciones. Después de sonreír un poco, ante las preguntas les indicó que estaban al otro extremo. El único remedio era regresar al casco urbano.

Cinco motos les interrumpieron; o mejor dicho les asustaron, eran unos jugadores de fútbol. Regresaron a Dabeiba, debido a un derrumbe todos los hoteles estaban llenos – y si no había hotel para uno, menos para 14 personas- así que  decidieron arrancar nuevamente, esta vez guiados por dos jóvenes de la región, que muy amablemente les acompañaron hasta el Etcr. Llegaron cerca de las 2:30 a. m, a descansar ¡por fin!

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De Dabeiba acá, a Llano Grande es por mucho una hora. Cuando dieron las 12 de la noche, activamos las alarmas de derechos humanos y nos invadió la preocupación, esa gente se había metido en la boca del lobo.

Avisamos a las y los campesinos para que estuvieran pendientes. Por fin encontraron señal y se comunicaron sobre las 12:30 a. m. Al menos ya sabíamos que estaban bien, ahora sólo quedaba esperar a que llegaran sin ningún contratiempo.

Esperamos despiertas, pendientes de las luces de los carros en el camino. Finalmente llegaron. Durmieron unas horas y empezamos el encuentro.

Llegó el día D, el 17 de mayo. Empezamos con un intercambio con la Red de Mujeres Excombatientes.

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Dos mujeres excombatientes del M-19 contaron sus experiencias en el momento de la reincorporación y la participación política después de la entrega de armas. Hablaron de sus sueños y apuestas de vida después de la guerra. Olga Marín narró cómo lograron que los Acuerdos de Paz tuvieran perspectiva de género y por qué era un logro histórico. Fanny, vicepresidenta de Ecomún expuso la relevancia de las mujeres en las en las cooperativas y la urgencia de su participación en ellas. Vannesa Eslava compartió la experiencia del feminismo insurgente y cómo al interior de las Farc no se reproducen los roles tradicionales. Por su parte, Olga Casamachín de Astracava contó su experiencia en la producción de café y los obstáculos que han logrado sortear.

Las mujeres escuchaban atentas. Eran experiencias de mujeres exguerrilleras con diferentes visiones de la vida, construidas desde lo que la guerra les arrebató, como su afán por una familia o la importancia del reconocimiento como actora política y contra la perpetuación de los roles de género. Y las voces del presente por el reconocimiento de las mujeres en los Acuerdos de Paz, su la transversalización y la materialización de ellos en términos productivos y políticos.

Las mujeres escuchaban atentas como si estuvieran asimilando todos esos relatos con su realidad, absortas, como si su vida en la guerrillerada fuera un recuerdo lejano o un sueño de Alicia. Poco había que decir y mucho en qué pensar, en esa vida de hogar que aplazaron para ingresar a la insurgencia en algunos casos, cómo conjugar el hogar con sus sueños o romper con ese esquema tradicional.

El segundo día, empezaron a llegar mujeres de la Junta de Acción Comunal de Llano Grande y en un pequeño camión rojo las delegadas de los comités de mujeres de la Asociación Campesina del occidente de Antioquia -Ascoa. Con sus caras entusiastas y alegría de participar empezamos a trabajar en las propuestas de emprendimiento a desarrollar por las mujeres. Iniciamos con una lluvia de ideas sobre las iniciativas que consideraban viables, después hicimos un mapeo territorial para identificar su viabilidad más allá de la producción de materias primas. Finalmente, de ocho iniciativas consensuamos entre mujeres exguerrilleras, de la comunidad y de la organización campesina que serían analizadas cuatro posibles emprendimientos: la transformación de frutas, una planta de concentrado, la cooperativa de transporte y una ladrillera.

Quedaron tareas, compromisos y no menos importante, las ganas de sacar adelante el que será el primer proyecto productivo con enfoque de género y autogestionado por las Farc en el marco de la implementación de paz. En la vereda Llano Grande de la Colombia Profunda se sigue tejiendo el camino hacia la paz, se sigue haciendo historia.